Reflexionando sobre una nueva cultura del uso del mar

26/10/2015
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Concienciar a aquellos y aquellas que el día de mañana se dedicarán a formar a las nuevas generaciones de la importancia de los océanos en la sostenibilidad del planeta es el propósito central de las jornadas Buen uso y mal uso del mar, que la Facultad de Ciencias de la Educación y del Deporte promueve este lunes junto con el Campus do Mar y el Consello da Cultura Galega. A través de diferentes ponencias y talleres, esta iniciativa busca profundizar en la necesidad de promover una “nueva cultura del uso del mar”, como destacó en su inauguración el coordinador de la sección Ciencia, Naturaleza y Sociedad del Consello da Cultura Galega, Francisco Díaz-Fierros, quien defendió la importancia de una labor educativa que permita hacer que todo el conocimiento científico generado alrededor de los océanos “también sea participado por los que son los protagonistas de su uso”.

“Para Galicia el mar tiene una importancia vital”, añadió la profesora María Álvárez Lires, coordinadora de unas jornadas que tratan de mostrar “cuáles son las buenas y malas prácticas”, con el propósito de que los profesores y profesoras del día de mañana “actúen en favor de en medio ambiente”. Para eso, este seminario, que está siendo retransmitido por CampusdomarTV, combinó las ponencias de la catedrática de la Universidad de Umeå (Suecia) Nora Rhätzell, de la investigadora del Instituto Nacional de Desarrollo de las Pescas de Cabo Verde Elisia Silva y del catedrático de la Universidad de Surrey (Reino Unido) David Uzzell, con la instalación en la facultad de los talleres del programa “Mergúllate no Océano”, del Campus do Mar. De ahí que el vicerrector Juan Manuel Corbacho hiciera énfasis en el carácter transversal e internacional de esta jornada, “dos de los grandes ejes de nuestro proyecto de especialización Campus CREA”, en un acto inaugural en el que también estuvieron presentes el director del Campus de Excelencia Internacional-Campus do Mar, Emilio Fernández, y el decano, Vicente Romo.

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Como acercar el cambio climático a la realidad local

Junto con las diferentes actividades que tuvieron lugar en la facultad, esta jornada se completó con la ponencia que por la tarde impartió en la Casa das Campás el catedrático de Psicología Ambiental David Uzzell, quien trató de dar respuesta a la pregunta de por qué conocer las consecuencias del cambio climático no provoca cambios en el comportamiento de la ciudadanía. “Tenemos que hacer el cambio climático real para la gente, comunicarle sus serios efectos de una forma personal, inmediata, local y concreta”, destaca este investigador, para quien “la gente tiende a pensar que el cambio climático sí tendrá un surtido efecto a nivel global, pero no unos efectos significativos localmente”. De ahí que este investigador británico ponga el acento en la necesidad de desarrollar “políticas y acciones que conciencien a la ciudadanía de que tenemos que actuar en nuestros propios barrios o en nuestros centros de trabajo”,  para lo cual considera preciso una labor de comunicación con el que hacer llegar a la gente como “va a afectar a sus vidas o a sus trabajos”.

“Estamos hablando todo el tiempo sobre lo que pasará dentro de 40 años y la gente que no sabe si va a estar en el paro la próxima semana no piensa a 40 años vista”, añadió este profesor, quien en su ponencia propuso ejemplos concretos, como los incendios forestales o las inundaciones, con la idea de mostrar como los “episodios climatológicos extremos, que están sucediendo de una forma más frecuente e intensa, tienen unas consecuencias” directas en la vida de las personas. En esa misma línea, Uzzell aboga también por concienciar a la ciudadanía de que las actuaciones que pueden realizar para combatir el cambio climático no tienen porque ser vistas como “un cambio en su estilo de vida por lo que tendrán que dejar de hacer cosas”, sino como un cambio “que puede llevarlos a una vida mejor y más saludable”.

La importancia de promover un desarrollo sostenible centró asimismo la ponencia de Nora Rhätzell, enfocada en profundizar en las relaciones entre la naturaleza y el mundo del trabajo a partir de las entrevistas que realizó a 120 responsables sindicales de diferentes países. En ese sentido, esta catedrática de Sociología defendió que “los seres humanos tienen que pensarse como parte de la naturaleza, no como algo ajeno” y el trabajo como un proceso que implica “una transformación constante de la naturaleza”. Partiendo de estas ideas, Rhätzell presentó al alumnado tres formas de entender esa relación entre trabajo y medio ambiente; la tecnológica, que ve la naturaleza “como una fuente de recursos” y que es más frecuente cuando “no existe ninguna forma de relación entre el trabajo y los recursos naturales que se están utilizando”; la antropocéntrica, que aborda esa relación “desde el punto de vista de las necesidades humanas”; y la holística, que promueve “una alianza de trabajo y naturaleza”, por la que es preciso “cambiar las relaciones sociales de producción”.

El mar con perspectiva de género

Otro de los objetivos de la segunda edición de “Buen uso y mal uso del mar” era abordar la conservación de los océanos desde una perspectiva de género, gracias a la participación de la investigadora caboverdiana Elisia Silva, que incidiió en los efectos que tuvo en su país no tener en cuenta a realidad de las mujeres en las políticas pesqueras. “Es muy importante concienciar de que todos tenemos el mismo derecho de acceso a esos recursos”, destacó Silva de la Cruz, que insistió en que, a pesar de eso, hombres y mujeres juegan en este campo papeles diferenciados. “Como por ejemplo, la mujer tiene un papel más relacionado con la comercialización o más vinculado con la recogida de marisco”, destacó la investigadora, que incidió en este sentido, en que, si bien la mujer juega “un papel importante en el mundo de la pesca, este no es visible”.

En ese sentido, Silva relató experiencia vivida en su país, donde “políticas que no contemplaban a la mujer nos causaron daños a nivel ambiental”. Segun apuntó, el hecho de que no se tuviera en cuenta a realidad de las mujeres en las comunidades pesqueras motivó “que para tener una actividad económica, debido al problema de pobreza que existe en nuestro país, tuvieran muchas veces que recoger y vender especies en veda”. Faltaban, añadió, “tanto el conocimiento de las especies como alternativas de empleo”, motivo por el que la labor de formación y sensibilización realizado posteriormente, así como “la integración de la mujer en diferentes ámbitos”, trajeron consigo “un impacto positivo en medio ambiente y en la calidad de vida de la comunidad”.

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Fuente: DUVI