El campamento científico del Campus do Mar continúa viento en popa

9/07/2011

Con chubasqueros, calzado náutico y muchas ganas de seguir aprendiendo, aunque sea lejos de tierra firme y con una llovizna persistente. Así embarcaron los 30 chicos y chicas que participan desde esta semana en el campamento científico del Campus do Mar y que, divididos en dos grupos, dedicaron la jornada a visitar el Museo do Mar de Galicia, en Alcabre, y a recorrer la ría a bordo del buque oceanográfico Mytilus. Un bautizo de mar para muchos de estos estudiantes de 4º de la ESO que proceden de distintos puntos de España, la mayoría de Andalucía y de la Comunidad Valenciana, y que llevaban cuatro días en el campus de Vigo pasando por distintos laboratorios haciendo trabajos de investigación y comunicación.

Un recorrido de cuatro horas por la ría en el que investigadores quisieron hacer una demostración “de como se saca uno fondeo, una actividad de rutina en la oceanografía”, como les explicó el profesor del grupo de Física Juan Herrera, y en el que les enseñaron los distintos aparatos que se emplean durante una campaña, desde un correntímetro hasta un medidor CTD, capaz de dar in situ datos de temperatura, salinidad, conductividad u oxígeno disuelto. Para completar la prueba, una toma de muestras del fondo marino para “observar la flora y la fauna que se encuentra en la zona y que puedan distinguir entre fondos de arena y lodo”. “Se intenta enseñarles la importancia que tienen las corrientes marinas en el clima y como influyen en el desarrollo de la vida en los mares y océanos, ya que sirven para regular la temperatura del agua o la aportación de nutrientes”, subraya Imanol Carretero, uno de los monitores que durante estos días acompaña al primer turno de chavales que participan en este campamento científico.

Todo sabe mejor lejos de la casa
Ilusionados y con muchas ganas de salir mar adentro, los jóvenes, de 15 y 16 años, tienen claro que aprendizaje y diversión caminan cogidos de la mano. Por lo menos en este caso. “La experiencia está resultando buena. Nos dan mucha caña, pero está bien aprender tantas cosas nuevas, sobre todo si es lejos de la casa”, confiesa Melodie Bohny Traynor, una estudiante de Fuerteventura, acostumbrada a subir en barco para moverse “entre las distintas islas de Canarias”.

Unas ideas en las que coincide Francisco Jesús Cobo Molina, que viene desde Lucena, “un pueblo de Córdoba”, y que se llevó más de una sorpresa cuando comenzó el campamento. “Pensé que íbamos a tener que estudiar más, pero me equivoqué. Estudiamos, nos dan clases, pero también estamos divirtiéndonos mucho, tenemos tiempo de ocio, conocemos gente nueva”, reconoce. No era la primera vez que subía en barco, porque “hace cuatro años estuve en Galicia y ya pude probar”, aunque no en uno como el oceanográfico en el que levaron anclas, considerado el mejor buque de investigación de porte medio-pequeño de España, un barco de 24 metros de eslora construido en el año 96 partiendo de un diseño bastante racional y hecho con la idea de que se pudiera modificar tanto la estructura como la equipación para adaptarlo a las necesidades de los investigadores.

Ahora a estos 30 chavales les queda por delante una semana de trabajos de investigación, sesiones teóricas, talleres y tiempo libre que terminará el próximo día 15 de julio. Tras su marcha, un nuevo turno con otros 30 estudiantes, los mejores expedientes de educación secundaria de España, que harán en Vigo su primera inmersión en la que puede ser su profesión de futuro.

DUVI